
Han pasado 75 desde entonces y son muchos los que han gozado de tu presencia.
Debiste de ser un niño fantástico. Muy bueno, juguetón y con ganas de saberlo todo. Algunos de tus amigos de entonces aún lo son hoy y te miran con mucho afecto.
Tu juventud también debió ser buena. Estudiaste, viajaste, conociste a la mujer de tu vida.
Yo llegué a ti cuando aún tenías toda la vida por delante. Aprendí de ti casi todo lo fundamental que soy. Me enseñante a pensar, a discernir entre lo que estaba bien y que no. Me explicaste los peligros de mar. Conocí los lugares donde trabajabas y los amé como tú los amabas. Me enseñaste a caminar descalza, porque en la vida hay que endurecerse. Y nunca me faltaron tus manos, tus fuertes y enormes manos, que casi rompían las mías al agarrarlas.
Por casualidad, casi, pude vivir mi vida al compás de la tuya. Es por tanto tu vida la mía, y aún hoy cuando pareces crear una curva peligrosa que se aleja de mí, siento que no es posible ese distanciamiento. Me parece que me faltará el aire y el sol, y tus manos, tus manos, tus manos.
Nada me parece más cruel que esa distancia. ¿Cómo seguir caminando? Hacia donde dirigirme, si al final no puedo ni relatártelo.
Deberé volver a los lugares comunes para atraparte en un espacio/tiempo que nos fue común.
QUEDATE. Comparte conmigo un poco más. Aún necesito de tus manos y tus consejos. Aún no estoy preparada para vivir sin ti. No sabría empezar el día, ni continuarlo.
Espérate un poco más, enséñame también esto, me falta por aprender a prescindir de ti.

1 comentario:
Serendy ante todo camina, no te quedes parada porque el que se para no solo no avanza, sino que además pierde terreno. Y te diría más, camina en su misma dirección o aún mejor guiale tú el camino. Sé la orientación que él te supo dar y te llevo a ti hasta donde estas. Llévale tú ahora, no estás sola. Pero no me dejes solo a mi. Necesitamos que si uno tropieza o se despista el otro le ayude, pero ante todo él nos necesita a cada uno de uno de sus hombros para asirse con fuerza.
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