martes, 3 de noviembre de 2009

3 de Noviembre de 1934


Han pasado 75 desde entonces y son muchos los que han gozado de tu presencia.
Debiste de ser un niño fantástico. Muy bueno, juguetón y con ganas de saberlo todo. Algunos de tus amigos de entonces aún lo son hoy y te miran con mucho afecto.
Tu juventud también debió ser buena. Estudiaste, viajaste, conociste a la mujer de tu vida.
Yo llegué a ti cuando aún tenías toda la vida por delante. Aprendí de ti casi todo lo fundamental que soy. Me enseñante a pensar, a discernir entre lo que estaba bien y que no. Me explicaste los peligros de mar. Conocí los lugares donde trabajabas y los amé como tú los amabas. Me enseñaste a caminar descalza, porque en la vida hay que endurecerse. Y nunca me faltaron tus manos, tus fuertes y enormes manos, que casi rompían las mías al agarrarlas.
Por casualidad, casi, pude vivir mi vida al compás de la tuya. Es por tanto tu vida la mía, y aún hoy cuando pareces crear una curva peligrosa que se aleja de mí, siento que no es posible ese distanciamiento. Me parece que me faltará el aire y el sol, y tus manos, tus manos, tus manos.
Nada me parece más cruel que esa distancia. ¿Cómo seguir caminando? Hacia donde dirigirme, si al final no puedo ni relatártelo.
Deberé volver a los lugares comunes para atraparte en un espacio/tiempo que nos fue común.
QUEDATE. Comparte conmigo un poco más. Aún necesito de tus manos y tus consejos. Aún no estoy preparada para vivir sin ti. No sabría empezar el día, ni continuarlo.
Espérate un poco más, enséñame también esto, me falta por aprender a prescindir de ti.